
Hace unas semanas se cumplieron tres años del programa de monitoreo participativo de fauna, una iniciativa impulsada por Puelo Patagonia junto al Club Andino de Cochamó y la Organización del Valle Cochamó (OVC), orientada a conocer y conservar la biodiversidad del Valle Cochamó, fortaleciendo a la vez las capacidades locales.
Durante este periodo se han realizado seis campañas de instalación de cámaras trampa, tanto en invierno como en verano, en distintos sectores del valle, incluyendo el Santuario de la Naturaleza Valle Cochamó y el recientemente protegido Fundo Puchegüín. Uno de los focos del monitoreo ha sido la vizcacha de la Patagonia (Lagidium wolffsohni), un roedor poco estudiado y especialista de ecosistemas de roca, registrado por primera vez mediante cámaras trampa en el sector en junio de 2023 por la ONG Puelo Patagonia.

Ciencia ciudadana para ampliar el registro de especies en el valle
Los primeros resultados del programa, obtenidos en 2023 a partir de la instalación de 25 cámaras trampa en el Valle Cochamó, permitieron registrar alrededor de 30 especies. Entre ellas ejemplares de vizcacha de la Patagonia, cóndor (Vultur gryphus), pudú (Pudu puda), gato guiña (Leopardus guigna), zorro culpeo (Lycalopex culpaeus), chingue (Conepatus chinga), puma (Puma concolor) y carpintero negro (Campephilus magellanicus), entre otros.
Con el avance de las campañas, varias de estas especies han sido registradas en múltiples ocasiones, y se han sumado nuevos hallazgos. Durante el periodo otoño–invierno de 2025, correspondiente a los registros más recientes, se detectaron un total de 18 especies, considerando algunas nuevas como el pitío (Colaptes pitius) y el comesebo grande (Pygarrhichas albogularis).
“Con estos resultados, y sumando todos los monitoreos realizados hasta la fecha, ya contamos con 42 especies registradas en total mediante las cámaras. Una cifra importante que ha sido posible gracias a la participación de quienes mejor conocen este lugar. Ahora lo que buscamos es seguir identificando nuevas subpoblaciones y continuar monitoreando su comportamiento, además de seguir fortaleciendo las herramientas de las organizaciones locales que son parte de este programa”, señaló Fernando Novoa, investigador de vida silvestre de Puelo Patagonia.

Mucho más que sólo generar datos científicos
La ciencia ciudadana se caracteriza por un enfoque participativo, en el que los sitios de monitoreo son definidos – en este caso – junto a habitantes de Cochamó y organizaciones locales, incorporando además conocimientos y registros históricos de avistamientos.
“Considerar los saberes tradicionales y locales a la hora de diseñar un plan de monitoreo ha sido fundamental para la selección de sitios, además de ser una valiosa información para identificar y detectar la presencia de la fauna que habita el valle”, agregó Novoa.
Según señalan desde las organizaciones, este trabajo colaborativo ha permitido generar información clave para comprender el estado de la fauna silvestre, identificar posibles amenazas y apoyar la toma de decisiones para su manejo y conservación a largo plazo.

“En la actualidad las actividades basadas en metodologías de ciencia ciudadana, como esta, se vuelven cada vez más necesarias a medida que enfrentamos desafíos ambientales mayores”, señala Novoa.
Además, diversas organizaciones internacionales especializadas en ciencia ciudadana señalan que los monitoreos de fauna participativos no solo permiten recopilar información de gran relevancia para el manejo y conservación de especies y ecosistemas, sino que además fomentan un mayor vínculo entre la sociedad y la biodiversidad que los rodea.

En esto concuerda Patricia Almonacid, miembro del Club Andino de Cochamó: “Este monitoreo ha servido mucho en el valle para saber qué especies habitan acá. Por cuentos o relatos de personas antiguas que han vivido acá se sabía más o menos lo que andaba, pero faltaba algo tangible, como tener el registro en imágenes o video. Uno se va dando cuenta de toda la biodiversidad que tenemos en este lugar y que de seguro aún no conocemos toda”.
Y es que la ciencia ciudadana tiene como beneficio directo que al ser parte activa de un monitoreo de fauna, los participantes junto al apoyo de especialistas se nutren de conocimientos acerca de la diversidad biológica que los rodea, comprenden la dinámica de los ecosistemas en los que están inmersos y se involucran activamente en la conservación de especies.

Sumando nuevos guardianes de la fauna
Un hito relevante de las últimas campañas de instalación de cámaras trampa en el Valle Cochamó ha sido sumar a los voluntarios del Centro de Visitantes de la Organización del Valle Cochamó (OVC), quienes cumplen un rol clave en la educación ambiental a los alrededor de 15.000 visitantes que llegan al valle cada temporada.
En la última campaña, realizada entre el 26 y el 28 de enero, este mismo equipo —encargado además del registro de ingreso y salida del valle— tuvo una alta participación en terreno, sumándose varios de ellos al monitoreo por primera vez.

“Siempre había visto las cámaras trampa en los senderos pero no sabía cómo funcionaban. Haber sido parte de este monitoreo participativo es fundamental, ya que al momento de tener los resultados somos más conscientes de la fauna que está en este lugar y así cuando lo decimos en las charlas a los visitantes o la gente nos pregunta, siento que te interioriza mucho más para poder hacer llegar esa información, porque la gente no lo sabe”, cuenta Catalina Muñoz, voluntaria del Centro de Visitantes que administra la Organización del Valle Cochamó.
A tres años de su inicio, el programa de Monitoreo Participativo de Fauna del Valle Cochamó ha logrado consolidarse como una herramienta clave para conocer, valorar y resguardar la biodiversidad de esta zona, y un ejemplo de éxito que las mismas organizaciones proyectan que pueda seguir replicándose incluso en otros sectores de la comuna.


