Conservación y desarrollo: un equilibrio necesario

by in Blog 18 mayo, 2021
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Foto portada:© Daniel Pastene

La naturaleza es un organismo vivo donde se llevan a cabo relaciones complejas entre distintas especies, incluyendo el ser humano. En esta línea, la conservación cobra especial relevancia porque favorece a todos los elementos que la conforman. El término conservación suele entenderse como protección únicamente hacia la naturaleza, sin embargo, al conservar no solo se resguardan nuestras tierras, flora y fauna, sino que se protege también a toda la humanidad.

Según la Asociación Española de Ecología Terrestre, existen notorias evidencias de que los cambios en la biodiversidad repercuten directa o indirectamente sobre el bienestar humano, ya que comprometen el funcionamiento de los ecosistemas y su capacidad de producir servicios básicos para la sociedad. Oxígeno, alimento, vestimenta, entre otros, son algunos de los elementos esenciales que nos entrega el ecosistema, los que resultan fundamentales para nuestro bienestar y que se podrían ver drásticamente deteriorados sin la preservación de zonas de alto valor ambiental.

La conservación y respeto al entorno se debe pensar en conjunto con la planificación del desarrollo humano. Conservar la biodiversidad no implica el fin de las actividades tradicionales, como la ganadería, el turismo, u otras actividades que se realizan a baja escala, si no que por el contrario, son esas formas de desarrollo las que permiten llegar a un equilibrio entre la conservación de los ecosistemas y el bienestar de las personas.

 

El desarrollo de las comunidades locales necesita del bienestar del medio ambiente

Las comunidades residentes de zonas de alto valor ambiental son parte indispensable para su protección, ya que son ellas las que reconocen en estos valores ambientales, los elementos que permiten su desarrollo económico, y por lo tanto, trabajan para que éstos se conserven en el tiempo.

Un ejemplo de la interdependencia entre naturaleza y desarrollo es el caso del turismo en nuestro país, que está estimulado principalmente por sus paisajes naturales variados y el nivel de conservación que posee en comparación a otros lugares del mundo. Esta industria aporta aproximadamente un 3,1% al PIB nacional (datos obtenidos en Cuenta Pública SERNATUR 2019), lo que se traduce en beneficios directo para pequeñas comunidades locales si se realiza de forma planificada y responsable, tanto con los ecosistemas como con las personas que habitan los destinos turísticos.

Por otro lado, la ganadería también se presenta como una oportunidad de desarrollo local que sí puede lograr convivir con la conservación, dependiendo del tamaño de producción y las formas de ésta. Por ejemplo, la ganadería industrial puede producir impactos significativos al entorno, sin embargo, la ganadería a baja escala fortalece las capacidades de autogestión de las comunidades locales, logrando convivir con la naturaleza si se establecen límites claros y se planifican estrategias de manejo al corto, mediano y largo plazo. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recalcó la trascendencia que la pequeña ganadería tiene para el futuro del ecosistema: “Los agricultores familiares gestionan sistemas agrícolas diversificados y preservan los productos alimenticios tradicionales, lo cual contribuye a obtener dietas equilibradas y a salvaguardar la agrobiodiversidad mundial”.

 

¿Por qué es tan importante el involucramiento de la ciudadanía en la conservación del medio ambiente?

La conservación y desarrollo son elementos naturalmente compatibles si son promovidos desde comunidad local, los gobiernos y la ciudadanía; siempre y cuando éstos se comprometan a estar en constante actualización de información. Rodrigo Condeza, director de la ONG Puelo Patagonia, explica que llevar un constante monitoreo a corto, mediano y largo plazo de las actividades realizadas por los seres humanos, para luego informar a la población con datos respaldados por la ciencia, es fundamental para poder analizar de qué forma las personas estamos afectando a la conservación. “Tener ese conocimiento de forma cuantitativa sería de gran aporte para que las comunidades, los gobiernos y los ciudadanos podamos tomar las decisiones correctas en pos del cuidado de la naturaleza y de quienes rodean esa naturaleza”, agregó.

Hoy en día, nuestro país y el mundo entero está frente a un escenario donde el cambio climático ha generado niveles de complejidad social, económica y ambiental que son cada vez más evidentes. Esto ha provocado enormes desafíos en cuanto a la relación sociedad – naturaleza.

Macarena Soler, fundadora de Geute Conservación Sur y directora de la ONG Puelo Patagonia, explicó en una nota de opinión para La Tercera, que la conservación resulta una tarea muy compleja si no se cuenta con el apoyo, tanto político como económico, de las autoridades del país y de una ciudadanía informada, que empujen a que estos cambios ocurran. El bajo gasto en conservación y el no incentivar el cuidado de los ecosistemas es muy riesgoso para la naturaleza, pero también para la economía del lugar. “La naturaleza proporciona una infinidad de servicios, algunos de abastecimiento, como la comida, el agua, las materias primas para vestimenta, o la madera, y otros de regulación, como el ciclo de agua o la regulación del clima. Si estos servicios son explotados de manera insostenible, se producen graves consecuencias socioeconómicas”.

En resumen, para lograr el necesario equilibrio entre la conservación y el desarrollo, es necesario dejar de considerar a las personas y a la naturaleza como entidades separadas, y tomar consciencia sobre la importancia y la soberanía que tienen las comunidades locales para lograr movilizar a los tomadores de decisiones a que avancen hacia un futuro donde la protección de la biodiversidad sea una prioridad para alcanzar un mayor bienestar general.

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